26 Mayo 2010
Salí de Quito el sábado 22 de mayo y aterricé en Shanghai el lunes 24; dos días y medio de viaje entre salas de preembarque, filtros de seguridad, migración, etc. La verdad es que llegué peor que si me hubieran dado una paliza... y eso sin contarles que desde mi salida de Quito tuve dificultades.
Primero, el sobrepeso de las maletas, que sacar 2 kilos de aquí, ponerlos allá. Luego, oír mi nombre 10 veces en los parlantes del aeropuerto, mientras nadie me cedía un puesto en la fila de migración para averiguar qué pasaba. Nada más y nada menos, era la elegida -aletoriamente- para que abrieran mis maletas. Esto me retrasó tanto que fui el blanco de todos los ojos de escrutinio de quienes ya estaban urgidos por despegar y creyeron que mi demora se debía a dormir demás o a andar disfrutando del 'duty free'.
Quito, Bogotá, Miami, Nueva York, Shanghai Más de 14 horas seguidas en el último tramo. Se hace mucho y poco a la vez. Se come -un menú cada vez más reducido, menos variado y poco atractivo al paladar-, se duerme, se ve toda la saga de CSI, se extienden las piernas, se soporta a las nada hospitalarias azafatas gringas... y aún así sobraba el tiempo.
Por fin, !!!Shanghai!!! Un aeropuerto enorme, dicen que ya es el más grande del mundo, incluso más que Heathrow (Londres). Pasar migración no es un drama como al que nos han acostumbrado nuestros amigos del norte: ni horas de fila, ni oficiales déspotas, ni preguntas incómodas. Al salir, dos jóvenes chinas -Joyce y Rubi (según sus nombres occidentales)- me esperaban muy simpáticas y serviciales. Lindo clima, agradables anfitriones, parecía que todo iba bien... No sabía la odisea que me esperaba por encontrar casa. Eso les cuento en unos días...
Primero, el sobrepeso de las maletas, que sacar 2 kilos de aquí, ponerlos allá. Luego, oír mi nombre 10 veces en los parlantes del aeropuerto, mientras nadie me cedía un puesto en la fila de migración para averiguar qué pasaba. Nada más y nada menos, era la elegida -aletoriamente- para que abrieran mis maletas. Esto me retrasó tanto que fui el blanco de todos los ojos de escrutinio de quienes ya estaban urgidos por despegar y creyeron que mi demora se debía a dormir demás o a andar disfrutando del 'duty free'.
Quito, Bogotá, Miami, Nueva York, Shanghai Más de 14 horas seguidas en el último tramo. Se hace mucho y poco a la vez. Se come -un menú cada vez más reducido, menos variado y poco atractivo al paladar-, se duerme, se ve toda la saga de CSI, se extienden las piernas, se soporta a las nada hospitalarias azafatas gringas... y aún así sobraba el tiempo.
Por fin, !!!Shanghai!!! Un aeropuerto enorme, dicen que ya es el más grande del mundo, incluso más que Heathrow (Londres). Pasar migración no es un drama como al que nos han acostumbrado nuestros amigos del norte: ni horas de fila, ni oficiales déspotas, ni preguntas incómodas. Al salir, dos jóvenes chinas -Joyce y Rubi (según sus nombres occidentales)- me esperaban muy simpáticas y serviciales. Lindo clima, agradables anfitriones, parecía que todo iba bien... No sabía la odisea que me esperaba por encontrar casa. Eso les cuento en unos días...
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